Naming

Uno de los asuntos más importantes a la hora de lanzar una empresa, proyecto o producto es la creación de su nombre. Se trata de un paso crucial y más o menos definitivo, teniendo en cuenta que será la identificación primaria del emprendimiento y estará presente desde su lugar físico hasta sus campañas publicitarias. A continuación hablamos de algunos conceptos presentes tras el «naming».

La creatividad al servicio de la originalidad

Una de las premisas a tener en cuenta a la hora de crear un nombre empresarial o corporativo es la exclusividad, o al menos cierto grado de identificación propia que permita a los futuros clientes reconocer la marca en el mercado.
Para ello se han de tener en cuenta las características inherentes al servicio o producto que se desea ofrecer y combinarlas con elementos alusivos o aspectos a los que se desea dar énfasis. El concepto de la propuesta debe estar resumido en un nombre conciso y de alto impacto, que no necesariamente debe apelar a la literalidad. Por ejemplo, el caso de la marca Gucci, su nombre se apoya en el prestigio asociado al apellido de su fundador, mientras que una firma como Swatch, apela directamente a un producto, asociado a la clásica reputación de la relojería suiza.

La belleza de la simplicidad

La mayoría de las marcas más reconocidas por el público tiene nombres fácilmente recordables, breves y de pronunciación similar en varios idiomas. Cartier, Avon o IBM son claros ejemplos de ello. Esto ayuda a potenciar el impacto que posteriormente se sustentará en la fuerza del logotipo y las estrategias publicitarias. Por otra parte, siempre es mejor elegir un nombre que se asegure su perdurabilidad en el tiempo, por lo cual no es aconsejable hacer referencia a circunstancias actuales específicas o contextos determinados que cambiarán en forma evidente. La clave es la universalidad y la atemporalidad de la marca.

Segmentos de mercado

El público al cual va dirigido el producto o servicio que se quiere nombrar es un factor de suma importancia. No es lo mismo una propuesta destinada a adultos que otra dirigida a jóvenes o niños. Si la marca está dirigida a un público muy amplio se deberá establecer un equilibrio que en lo posible no señale una identificación específica con un sector social en particular.

Evitando modas y tópicos

Los nombres groseramente obvios, las combinaciones de nombres personales o las modas de las cuales se abusa en un momento determinado (agregarle el arroba a todo por ejemplo) son contraproducentes para una marca. En los dos primeros casos, le quitarán prestigio y harán más difícil su identificación y en el último no dejarán de producir cierta sensación de hastío en el consumidor.

Es cierto que existen marcas famosas que no cumplen con las mencionadas premisas, pero se ha de tener en cuenta que la mayoría de ellas son tradicionales y han ganado fuerza a base de presencia en el mercado. Además, han sido creadas en tiempos donde el volumen de oferta y competencia era sensiblemente menor a los de la actualidad.

“Lo que no tiene nombre, no existe – Joan Costa

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